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10.2.13

La manzana.

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LA MANZANA
Retorna soplo andante preciso
a la creación,
figura desliza los telares,
acumula círculos a latidos,
asienta boquiabiertos ojos
en cuerda de seda,
estratega vista no cierra 
red inmersa en la cintura.

Cuadrados al infinito,
travesías del aire
en dedo creativo,
capturan de tejido armado
curva en sobresalto adentrada,
adelantan al paso posición de piedra.

Manzana en escalera a los pies
duplica y consume
calorífica anexión e independencia,
perdido el hilo del ala delta
entre sucedidos sedimentos
coloca el mordisco de las manos.

Entrante vestido anula vista
de la mano en espiral mágica,
fluctúa el azul completo
residente en los ojos,
belleza posterior al presente,
tesorera del calor,
mojado color
ascendente a sol de punto a punto
rectamente,
apuntada piel en pie y horizontal entrelaza
caminos a la espalda
sumergiéndose al esqueleto de raíces,
orgánico el hilo vegetal que viste labios.

Piedra de cielo combina mares,
resurge del cristal contemplación,
responde,
divulga el mineral ombligo inicio,
traslada de tierra anfibia perla reiniciada
en desnudez,
entre rojos,
claridades del todo
y el adorno
blanco seminal arma.

Silueta entreabierta
paréntesis penetra,
luminiscencia adherida en minúsculas
deidades 
y dedos terminados de luces,
en semicírculo despliega capa,
esculpe viento del centro a las afueras,
expulsa la compuesta música de formas.

Enhebra oros dinámicos
posada en aceite o azul
luz, agua agotada,
cálidas gotas abiertas,
elevaciones de huellas
o altura solar desde el suelo,
lazos giratorios dirigentes,
descenso de la planta por cara piramidal
de aislante cuerda el camino separa.

Pintada de pechos lunares,
luna en blanco y negro dactilar,
digestiva madera iluminada,
trazo azul adentrándose como vestido,
claro natural de la mano,
la manzana.

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